Vida Espiritual

Meditación de Presencia Plena

Cuando pensamos en la meditación, nos llega a la mente la imagen de un gurú levitando por el aire, su mente vagando por el cosmos totalmente desconectado del mundo. En realidad hay muchos tipos de meditación y cada uno tiene su finalidad particular. Ningún estilo es mejor, más sabio, o más espiritual que el otro, ya que realmente se trata de una experiencia muy personal.

Meditación de Presencia Plena

La meditación de presencia plena tiene que ver con el mantener la mente alerta y consciente en el momento presente.

Normalmente tenemos la mente en todas partes excepto en el aquí y el ahora. Pensamos en lo que tenemos que hacer, en lo que nos pasó ayer, en lo que dijo la amiga, en los planes para la semana…

La meditación de presencia plena trata con la práctica de estar presentes en el aquí y ahora. No es un momento para analizar nuestros problemas, tampoco es un momento para fantasear, alucinar, o dejar la mente vagar sin dirección. No se intenta controlar o reemplazar los pensamientos y tampoco es necesario visualizar una luz.

Comienza por aceptarque tu mente no puede “vaciarse” porque siempre, siempre estás pensando. Lo que sí puedes hacer es  aprender a observarlos sin involucrarte con ellos. Poco a poco, comenzarás a desarrollar compasión y paciencia contigo misma y así, puedes expandir tu compasión y paciencia por los demás.

La meditación de presencia plena nos enseña que, igual a los pensamientos, no podemos controlar el mundo. El resultado es un giro total de percepción individual. Notas la sincronicidad entre tu mundo interno y el externo. El mundo sigue siendo el mismo, pero tu percepción ha cambiado – particularmente porque has escogido hacerlo.

¿Estás preparada para aprender? Continúa leyendo.

Cómo Meditar

Escucha tu voz interna.

Presta atención a tu voz interna – ¿eres ruda contigo misma?

  • Encuentra un espacio para sentarte cómodamente por un mínimo de 5 minutos, preferiblemente sin ruidos.
  • Trata de mantener la espalda derecha, con la mirada puesta en algún punto a unos 6 pies (1-2m) frente a ti.
  • Mantén los ojos abiertos y las manos sobre los muslos, o juntas en una posición relajada.
  • Observa tu respiración tal como es, sin intentar alterarla o profundizarla. Este es tu enfoque principal durante tu meditación.
  • Permite que tus pensamientos fluyan y obsérvalos, como nubes que pasan por las montañas. Cada vez que te envuelvas en un pensamiento, indentifícalo sencillamente como “estoy pensando” y déjalo ir. Regresa a tu respiración y al momento presente.
  • Presta atención a tu voz interna cuando identifiques que “estás pensando” – ¿eres ruda contigo misma? Toma esta  oportunidad para suavizar tu voz interna y tratarte con más aceptación y cariño. Suéltalo, regresa a tu respiración y al momento presente.
  • Continúa respirando durante este proceso hasta terminar la sesión.
  • TIP: Para no quedarte dormida, puedes fijar la lengua en el paladar, mantener la espalda erguida y una leve sonrisa en tu rostro.

La meditación es una práctica, por lo tanto, debemos practicarla a menudo. Existen aplicaciones para el móvil como Buddhist Meditation Trainer o Reiki Timer que pueden ayudarte a marcar el tiempo que llevas meditando. No importa si son 3 minutos o 30, lo importante es hacerlo a diario y encontrar diferentes formas de hacerlo – por ejemplo, mientras esperas en la sala de espera del médico (¡nadie tiene que saber!).

“Con todo lo sucio y desordenado, no importa lo complicado que es, simplemente comienza donde estás – no mañana, no después, ni ayer cuando te sentías mejor – pero ahora. Empieza ahora, tal y como eres.” ~Pema Chodron, Comienza Donde Estás

Tu vida nunca estará en el orden perfecto para comenzar a meditar. No esperes a ser esa persona que tanto admiras para comenzar la práctica. En ocasiones, se siente como si la meditación ‘no funciona’ porque dentro y fuera de la meditación la mente sigue activa. Aunque disminuya, el mal humor continúa. El estrés no desaparece, las dependencias siguen y la personalidad es la misma. La meditación no es un remedio mágico – por ejemplo, si eres una persona impulsiva, siempre lo serás… solo que ahora estarás consciente de tu impulsividad mientras lo haces.

Verás que, la meditación no te “quita” las imperfecciones, eres tú quien te cansas de ellas y decides modificarlas.

Lo importante es tomar la decisión consciente de mantener la práctica y recordar que hacerlo no te hace más ni menos espiritual que la otra persona – solo te ubica en una presencia mental habitual que se desparrama sobre y se refleja en tu vida diaria. Es igual que el ejercicio: si no lo practicas, no habrán resultados.

Namasté, In’Lakesh, Beannachtaí

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